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Mostrando las entradas etiquetadas como Artesanía

Imagen del umbral

En tres minutos tocarán a la puerta. No hay nada qué hacer. Tan solo dejar mi agradecimiento y mi deseo: de éste lamento su tardanza; de aquél, me gratifica que desconozca demoras. Me habría gustado caminar y tejer, pero nunca lo hice. Hilos y telar nunca faltaron. Siempre al alcance de pies y manos -hasta donde alcanza mi memoria- como rumor anunciado de riachuelo justo a la vuelta del árbol. Me detuve entonces, encantado con el frágil susurro antes que con el camino al que invitaba. Fue caricia de alba en el pulmón, aunque regaló a mi ánimo triste ceniza. Con todo, y con alguna frecuencia, alguien se detuvo en ese lugar donde me encontraba. Lo supe necesario e importante. Lo etéreo se apisonó como ligero mojón del caminante, como un color o un trazo en medio del tejido inmenso que años después sería evocado, y fue la breve línea del relato que por un instante rozó y enverdeció mis raíces. En aquel tacto -pienso ahora cerca ya del final- se conformó mi vida y se acunó. U...

Apunte sobre una frase de Lezama Lima

"...el tiempo interviene como un artífice preciso, pero ciego, anulando las primeras cualidades buscadas por el artista y añadiéndole otras que serían capaces de humillar a ese mismo artista al plantear la nueva solución de un rostro de piedra que él no pudo ni siquiera entrever" Lezama Lima, en Paradiso . El tiempo, orfebre ciego. Su cincel no sólo humilla la intención de la forma, sino que, incluso, labra la humillación de su propia intención. Con su tanteo azaroso recoge las piedras desechadas por el tiempo de los hombres, y alza apagados ángeles de patas de gallo y alas rotas que, con inagotable sed de espejos, cavan a través del magna de los volcanes el vuelo del topo. Sólo el desangre de cada evento le entumece por momentos, invitándolo al reposo.

Artesanía (y 5)

5. La artesanía es devuelta a su legítimo dueño: entregada, pero a la vez perdida . Algunos días pasaron, alimentados con la textura del concreto; escalaron así una verticalidad monocorde y austera que regalaba su aliento a los habitantes de aquella ciudad, sin pedir nada a cambio, excepto esa fidelidad de macho arácnido que servirá de alimento a sus crías oscuras. En medio de ellos, el Artesano logró ignorar la melaza entenebrecida de su entorno mientras tuvo en uno de sus estantes aquella artesanía, que reposaba a la manera de un diosecillo tutelar, en un espacio como reservado para ella. Para él, esto no significó un cambio de rutina en absoluto. El permanente murmullo del Espíritu amplificaba su intensidad con los albores del día y comenzaba su rutinario masticar, dejando en el aire y a lo largo de las horas, aquella niebla gris y pálida que devenía en polvo fino y minúsculo, a la manera de un palmetazo sobre el hombro, invisible y tenue, que concedía a cada ser vivo o inanima...

Artesanía (4 de 5)

4. Donde la artesanía cuenta algunos secretos. Las averías no eran considerables. Con firmeza, la recia madera había recibido las formas imaginadas y las supo conservar por entre la tela de los años. Los colores de los libros tallados estaban pálidos, lo cual se podría explicar como producto de largas exposiciones al sol, y en los lomos de ellos pequeñas abolladuras y rasgaduras evocaban caídas bruscas. Las bisagras no se avergonzaban de su opaca herrumbre que con paciencia les invadía; una de ellas estaba floja, lo que hacía bailar la tapa. Ésta era condición similar de la que participaba la cerradura, pues a su alrededor se podía notar una astilla, pequeña pero considerable, que le hacía perder su pulcritud de centro. Al correr el lomo, se podía advertir la pereza de la madera para deslizarse sobre su hermana. El Artesano alcanzó un papel granulado, grueso y de color ceniciento, y empezó a frotarlo con fuerza y continuidad sobre la madera. El sonido así convocado le evocó el cac...

Artesanía (3 de 5)

3. De los prolegómenos para el inicio de un trabajo. Los latidos del mundo se habían ralentizado. Ese enorme organismo de metales y vigas, de torres levantadas en acero y polímeros, de largos nervios de coltan por entre el asfalto dispuestos a la rápida y precisa transmisión del Espíritu, tomaba una pausa en su ansiosa magnitud. Era joven si se comparaba con la larguísima y lenta evolución de sus creadores, pero una vez reconocido como Ser, pronto saltó de la privilegiada piedra al maleable concreto, y de allí a su actual cualidad aérea, tomando posesión de todos los rincones del planeta y habitándolos con su soplo. Esto explica que, como una pitón cargada de su última caza, cada tanto tiempo necesitara de cierto reposo para realizar la labor de absorber los nutrientes proporcionados por la presa que antaño fue señor. Ese tiempo proporcionaba justo la somnolencia necesaria para manifestar, a manera de nocturnas e involuntarias poluciones, los hábitos ancestrales ya desechados en la ...

Artesanía (2 de 5)

2. Donde, a manos del Artesano, llega una “preciosa” caja de manera «¡Eh! ¡Artesano!» El Artesano acudió al llamado. Era obvio que lo llamaran a él, pues en aquella calle, e incluso era muy posible que en aquella ciudad y aquel país, fuera el único artesano. Tan único, que ya hacía mucho tiempo se había acostumbrado a olvidar su nombre, y quienes le rodeaban también. Incluso, los que le buscaban para algún trato o trabajo, cosa cada vez menos frecuente, no se preocupaban de tal minucia: el artesano era el Artesano. Quizás se tratase de algún vecino al que no le hubiera reconocido la voz. Esto era lo más frecuente, dado que, por vieja costumbre, no dejaba de prestar favores de muy diverso tipo. Quizás se tratase de algún cliente buscando reparar algún aparatejo, haciendo presencia en su tenderete, eso sí, con discreción. En los tiempos en que transcurre esta historia ya no era costumbre ‘reparar’ objetos que, por alguna pequeña falla, por mínima que fuera, hubieran perdido su pos...

Artesanía (1 de 5)

1. La artesanía: indagación por su origen, y descripción de ella. En sí misma, la caja de madera no es más que una artesanía y, como tal, en algún momento de su historia estará destinada a caer en las manos de un artesano. De un artesano salió, a un artesano volverá. Sin embargo, hay que hacer claridad que se desconoce su final. Pudo haber terminado en un bote de basura, o quemada, o hecha trizas, o cualquier otro fin más o menos agradable, asunto que se deja a la imaginación del lector pues aquí no interesa. Como artesanía, se podría calificar de “preciosura”, si tal palabra fuera permitida en los tiempos en que trascurre esta historia. La razón de su origen es desconocida con exactitud, aunque algunas insinuaciones se ofrecerán. Es plausible que se trate de un secreto gusto cultivado en el pasado, o algún capricho afectivo de los antiguos productores, con el que suponían entretejer en el objeto externo algo así como una extensión de sus estados mentales, llamados por lo normal “...