5. La artesanía es devuelta a su legítimo dueño: entregada, pero a la vez perdida . Algunos días pasaron, alimentados con la textura del concreto; escalaron así una verticalidad monocorde y austera que regalaba su aliento a los habitantes de aquella ciudad, sin pedir nada a cambio, excepto esa fidelidad de macho arácnido que servirá de alimento a sus crías oscuras. En medio de ellos, el Artesano logró ignorar la melaza entenebrecida de su entorno mientras tuvo en uno de sus estantes aquella artesanía, que reposaba a la manera de un diosecillo tutelar, en un espacio como reservado para ella. Para él, esto no significó un cambio de rutina en absoluto. El permanente murmullo del Espíritu amplificaba su intensidad con los albores del día y comenzaba su rutinario masticar, dejando en el aire y a lo largo de las horas, aquella niebla gris y pálida que devenía en polvo fino y minúsculo, a la manera de un palmetazo sobre el hombro, invisible y tenue, que concedía a cada ser vivo o inanima...