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Mostrando las entradas etiquetadas como HojaSuelta

Imagen del umbral

En tres minutos tocarán a la puerta. No hay nada qué hacer. Tan solo dejar mi agradecimiento y mi deseo: de éste lamento su tardanza; de aquél, me gratifica que desconozca demoras. Me habría gustado caminar y tejer, pero nunca lo hice. Hilos y telar nunca faltaron. Siempre al alcance de pies y manos -hasta donde alcanza mi memoria- como rumor anunciado de riachuelo justo a la vuelta del árbol. Me detuve entonces, encantado con el frágil susurro antes que con el camino al que invitaba. Fue caricia de alba en el pulmón, aunque regaló a mi ánimo triste ceniza. Con todo, y con alguna frecuencia, alguien se detuvo en ese lugar donde me encontraba. Lo supe necesario e importante. Lo etéreo se apisonó como ligero mojón del caminante, como un color o un trazo en medio del tejido inmenso que años después sería evocado, y fue la breve línea del relato que por un instante rozó y enverdeció mis raíces. En aquel tacto -pienso ahora cerca ya del final- se conformó mi vida y se acunó. U...

Zumbador

Lo que quedó de unos apuntes del año 1985... (Zumbador es una vereda del municipio de Gramalote, en Norte de Santander) **** Silente llega el ocaso del cálido día que no olvida ni monte ni camino como farola permanente entre los entresijos de la tierra. Se relajan los últimos látigos de luz. Quedan orquídeas en la memoria. *** Espiral hacia dentro el tiempo como niebla de páramo o silencio de luz. Arde con lentitud ante el ojo y se concentra con brevedad, antes del parpadeo que escupe planetas-montaña, caudal de estrellas, como pequeño hongo de cosmos y humano tiempo gesto y garganta y puño y silencio y árbol y nudo, y tan vertido y desgajado se ceniza en espiral, hacia dentro, nuestro. *** Se abre el párpado, bostezo de inmensidad, luz trabajosa sobre el mundo callado. Cobija que sostiene la fogata, aliento de evangelio, gota de sudor, cuerpo de caña en el paladar del viento. *** Del cuerpo decir, exacto, por ejemplo. La tierra es cálida, el horizont...

Pronto

Se trata ésta de una escritura, un borrador, de marzo de 2012... *** Pronto partiré. Un mes o dos, quince días, un año, algo más o algo menos, no lo sé. Mientras desde este punto los objetos de la casa inician su espera, y de ellos, los inesperados, los escondidos y arrumados sin querer en los rincones y trastiendas de los muebles y esquinas, anhelan o temen su redescubrimiento: serán apreciados por un breve tiempo antes que una mano férrea los impulse de nuevo a alguna oscuridad, o desechados definitivamente hacia un mundo que, seguramente, adivinarán cada vez más pálido y deslucido, allá afuera, a juzgar por los comentarios de los habitantes de la casa y sus visitas. “Tan sólo tengo hambre. Dame de comer”, dice la pequeña bestia negra. Es cierto: ya es la hora. Es más, es hora de su desayuno, y del nuestro también. Nos hemos mal acostumbrado a sus quejidos a tempranas horas de la mañana, que emergen marinos hacia las paredes de nuestra casa. Mi esposa pensó, tres días...

Plenario / Discusión

Plenario laboral Todos los hombres suelen reunirse en torno a la Gran Idea, ese viento de metal que algarabea trombas de redondas mesas. Sus voces se alzan en debates y orgullos enfrentados, en proyectos grandiosos que movilizarán el espíritu. Posteriormente, al igual que hacen los perros al término de la jornada de luchas por el hueso, se agrupan en las esquinas y se abrigan, ronroneando la satisfacción del objetivo logrado en tanto se lamen los lomos y los sexos. Discusión hogareña inevitable en medio del amplio arco roca arisca de repente derrumba lo que con paciencia levantado queda la aridez sola impregnando su aliento en toda geografía como agua seca de sabor violáceo parábola invadida

Palabras de María

Original de 2004. Otro ejercicio etnográfico, basado en visitas y entrevistas con pobladores del Magdalena Medio -Sur de Bolívar- entre el año 2003 y 2004. PALABRAS DE MARÍA [Se abre el telón] La escena se desarrolla en una muy humilde casa, de tablas y bahareque y piso de tierra, desde donde se alcanza a divisar el Río Magdalena. En el interior de la casa, dos taburetes, una cama metálica, tres cajas de madera que guardan una poquita ropa, algunos cuadernos, fotos viejas, tres revistas (una Cosmopolitan, una Selecciones del Reader Digest, y una de TVCable), una biblia y chucherías varias; dos morrales cuelgan de sendos clavos herrumbosos; en un costado, adentro, una repisa de madera sobre la que descansa, enmarcado, un retrato avejentado de la Virgen del Carmen, con sus esquinas quemadas y el vidrio rajado; le rodea algunas flores silvestres, una estampita de San Martín de Loba y otra de la Virgen de la Original, y un velón rojo, ya consumido a la mitad; detrás del retra...

A veces puedo decirle alguna cosa que es

Nota: Se trata éste de un pequeño ensayo etnográfico (junio de 2006) a manera de monólogo teatral. Se realiza a partir de una serie de entrevistas, entre el año 2003 y 2004, con población desplazada del Sur de Bolívar, de la vereda El Hachazo y en aquel momento asentada provisionalmente en San Pablo.   A VECES PUEDO DECIRLE ALGUNA COSA QUE ES.   [Se abre el Telón] Y aparece un helicóptero artillado. Éste, a medida que se aleja por el horizonte, va dejando tras sí un río y un pueblo, y en la orilla de este río y pueblo, una escena. Orillas del río Magdalena, en las afueras de San Pablo, bajo un inmenso árbol en el patio trasero de una casa desabitada y a medio construir. El patio colinda con el barranco cuyas erosionadas orillas lame el río, el cual deja flotar en su oleaje de aguas oscuras diverso tipos de desperdicio. Son las once de la mañana, y Sergio , de bermudas y chanclas, con cachucha y camisa raída y desabotonada, cargando al hombro una mochila y una atarra...