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Mostrando las entradas etiquetadas como Varia Literaria

Observación al Teorema del mono infinito

Durante mil noches y una más, el encadenado mono de Borel aporrea las teclas de la vetusta máquina de Sholes, buscando la imposible palabra que le daría razón a la maquinación probabilística de su imaginador, y que regalaría su libertad. Percibe entonces, en su oscuro asomo de consciencia, que le espera mil veces y una más aquellas mil y una noches. En su naciente furia, fantasea con un Borel encadenado, sacudiendo con desespero las teclas de aquella máquina, buscando deshacerse de toda palabra posible, sin lograrlo. Apostilla : De aquel mono -se experimentó- el logro fue un brevísimo fragmento de Enrique IV ; de este Borel -se supone- el resultado sería el entero Finnegans Wake .

Apunte para "In Memoriam"

Había pensado en escribir un perfil airado, no porque lo merezca por algún mérito de su vida académica o administrativa -que no ha sido más que una suma de obsesiones situadas en donde nunca debieron estar-, sino por la furia que me provocó. El material estaba al alcance del tintero. Su constante necedad, su palabra abundante de las espesas burbujas de su sombra, el gesto despectivo e hiriente de aquel que se ha sentado en algún trono. En algún momento pensé en Becerrillo, gruñendo y meando a diestra y siniestra. Pero logré recordar aquella sombra que acompañaba a Chihiro, y la bruja que hubo de buscar Kiriku. El recuerdo me llevó a considerar más que necedad, un tartamudeo ansiando vocablo de promesa, más que sombra un vaho de irreparables pérdidas, más que trono una falsa cuna de lacerantes tentáculos. Como un cachorro ladrando, con desespero y en medio de su abandono, tras las bambalinas de Oz. Quedé desconcertado. Decidí no tocar la superficie de la tinta ante un perfil qu...

Dos apuntes

Pronóstico I como nunca que llueve el sol sobre el agua como nunca el seco vapor que sacude como nunca los hilos del agua II en espejo incendia la nube aquello que no quiere que arda hasta marchitar los fuegos que su ánimo enciende Teología Dios es una construcción social elaborada, bien sea desde prácticas hegemónicas o no-hegemónicas, o bien desde prácticas contra-hegemónicas. Aquéllas hegemónicas o no-hegemónicas ignoran que son un constructo, esconden su fundamento; éstas contra-hegemónicas barruntan que lo son, por muy diversos caminos. Sólo desde éstas como un aquí –lugar epistemológico y constituyente de la existencia– se origina su posibilidad de decir que Dios es pobre, excluido, mujer y hombre en sus diversas/difusas y fronterizas identidades, sub-alterno, marica, loco…, en suma, Otro (y Otro jamás de manera absoluta, sino siempre de manera utópica). Sólo desde tal aquí es posible decir que es-siendo: una ontología que se des-ontologiza de manera constante, un...

Apunte sobre una frase de Lezama Lima

"...el tiempo interviene como un artífice preciso, pero ciego, anulando las primeras cualidades buscadas por el artista y añadiéndole otras que serían capaces de humillar a ese mismo artista al plantear la nueva solución de un rostro de piedra que él no pudo ni siquiera entrever" Lezama Lima, en Paradiso . El tiempo, orfebre ciego. Su cincel no sólo humilla la intención de la forma, sino que, incluso, labra la humillación de su propia intención. Con su tanteo azaroso recoge las piedras desechadas por el tiempo de los hombres, y alza apagados ángeles de patas de gallo y alas rotas que, con inagotable sed de espejos, cavan a través del magna de los volcanes el vuelo del topo. Sólo el desangre de cada evento le entumece por momentos, invitándolo al reposo.

Una segunda oportunidad

(Son estos dos párrafos de un trabajo que escribo actualmente. Los elaboro sobre una mirada al libro de Marcelo Pakman, Texturas la imaginación ) Evoque el lector esta imagen literaria: algunos momentos después de la revelación que le proporcionó la clave definitiva para desentrañar la escritura de Melquiades, Aureliano Buendía sabría que en realidad era Aureliano Babilonia, el último descendiente de la estirpe. En la lectura de aquellos viejos manuscritos no sólo descifró la historia de sus orígenes, sino que “empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismos en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si estuviera viendo en un espejo hablado”. Su acto de descifrar se acompaña del “viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, del murmullo de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces”. Antes de llegar a los últimos versos y ya en medio del hurac...

Visión del Ciego, en la Catedral

1. Los harapos en la escalinata gorgoteando su letanía como labrando las piedras que alzan al campanario. 2. El murmullo y su incienso acunan al tiempo entre los capiteles como velando otra eternidad más al bronce merecida. (En las ruinas de Gramalote, Diciembre 22 de 2014) 

Lo perdido

Enorme era, y crujió, sacudiendo el aire del monte hasta muy lejos. Enorme y centenario, no aguantó su propio peso y se quebró. Con estrépito, cayó a la cama de espeso follaje. Pero lo hizo justo en el preciso instante, para que alcanzara a alzar el vuelo la mariposa, que se alejó del desastre. Esta tomó la dirección que convenía, la que le destinó ser captada por el ojo avizor del ave que, con rapidez, modificó su vuelo para atraparla en su pico y tragarla. La trayectoria que el ave siguió fue tan rigurosa, que el geómetra adivinó allí, por fin, la forma que andaba buscando hacía tanto tiempo. En la noche, de entre sus dedos manipulando la escuadra y el compás, emergió en la arena la imagen de algo que fue madera y viento, antes de que la marea subiera a limpiar la playa.

Copy-Paste: Trenzaré mi tristeza (Paola Klug)

"Surfeando", me encuentro con esta buena sorpresa, escritura que me ha gustado mucho: Paola Klug. Entre las muchas cosas bellas que escribe en su blog , esta, por lo que veo, bastante citada: Trenzaré mi tristeza Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los harìa llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas,  que no se meta entre tus manos- me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar  cuando el viento del norte pegue con fuerza. Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, ...

Un apunte, pensando en Medellín del Ariari

Estiró la mano. Ella sola buceó entre la espesura del calor y, al acercarse al vaso, el vaho del hielo le alcanzó a producir un pequeño escozor. En ese instante de pocos centímetros, antes de posarse sobre la superficie del vidrio, evocó un pasado imaginado en el que caminaba por una playa, sola, con un vestido ligero que le permitía sentir con fuerza el frío de la brisa que barría la superficie. El recuerdo se esfumó. Frente a sus ojos y hacia sus labios, ahora, se acercaba el vidrio modelado conteniendo el agua con hielo. Un frescor quedaba iniciado en su mano derecha, como queriendo reptar por su brazo, y empezaba a deslizarse por entre sus labios. Desde el centro que conformaba el cristal, y más allá de él, se desplegaba la apremiante aridez, de la cual todo parecía querer testificar: el vestido de flores tristes que envolvía su piel; la mecedora oxidada sobre la cual reposaba; la tierra seca pero aún con matojos de hierba triste; los límites de las callejuelas alguna vez traz...

Razones

Porque cada pájaro estaba embozado bajo un violento azul, intolerable para mis ojos criados en sótanos. Porque allí encontré, en los primeros años, los eternos manuscritos que machacaban, como si fueran fruta exquisita, a los imbéciles y sus minutos. Porque fueron sus expectoraciones las que arrojaron contra los cristales pedazos de pleura para saludar a los viandantes, decorando con alcantarillas las escaleras que subían a sus escritorios. Porque en los pezones de cada uno colgaron llaves de cárceles con sonajeros embadurnados de la roja leche de las salamandras. Porque tras su huella cayó un fuego, que se extinguió en la carpeta del burócrata. Porque empozó el maíz en el nudo de algún abismo, que ni siquiera tuvo el privilegio de ser el último. Porque aún así alargó la sombra, con necedad y paso cojitranco, como mendigando las merecidas miserias. Porque picoteó, de la sequía a la ceguera, atrayendo la atención de la indiferente estrella. Porque alzó orgullosa sus intestinos, atizand...

En tanto

En cualquier lugar del planeta, en cualquiera de sus grandes ciudades, y, para ser más preciso, en cualquiera de sus múltiples esquinas, alguien se encuentra presto a cruzar la calle, una vez el indicativo del tráfico así lo indique. Dentro de un minuto, todo lo imaginable podrá pasar en su vida, de la que ahora es el brotar de una madeja. Cada gesto, cada paso, cada circunstancia, tanto propia como ajena, estará preñada de posibilidades o imposibilidades, hasta que al fin, en un tiempo del que nada sabemos pero que aparecerá en el momento menos esperado, los hilos de la madeja se disolverán. Termina el suspenso. Termina el minuto concedido. Termina la pausa. Diez segundos antes, ese alguien ve fugazmente su rostro reflejado en un automóvil que pasa cerca de su acera: el semblante está vacío.

De la antípoda

Sé que mi vida es mediocre, por completo. Mi vida es, y ha sido desde mi infancia, la implantada rutina, buscando evitar las inquietudes de lo inesperado, o de la aventura. Mi profesión es un ir y venir predispuesto, que me permite cumplir, pulcro, horarios fijos con sus responsabilidades, y redactar informes precisos. Mi vida afectiva es perfecta: nunca lo he hablado con mi pareja, pero desde los primeros años construimos pactos silenciosos donde, de puertas para adentro, los comentarios fáciles y las labores distribuidas nos permiten, por lo normal, ni amarnos en exceso ni despreciarnos con desespero, como si cada uno fuera un gato del otro. Lo mío no es resignación ni apatía. Algunas personas que alguna vez fueron cercanas –por eso me alejé de ellas: su amistad era excesiva e invitaba a la discordancia– así me lo señalaron. No les di la razón, aunque en aquel momento sin saber por qué. Con todo mi vida, perfectamente apagada, a no ser por el murmullo que inevitable deja cualqui...

Atalanta

Ayer me mordió de nuevo. Como nunca antes conservé la serenidad, pues justo en ese momento me llegó una completa certeza: se trataba de un comportamiento que había sobrepuesto a lo esporádico y caprichoso en sus frecuencias una regularidad medible, verificable. El proceso, en la actualidad, comienza hacia el jueves o viernes, cuando los síntomas hacen su discreta aparición. La pupila se dilate o contrae sin relación alguna con las condiciones lumínicas del momento. La amabilidad que traía desde el comienzo de la semana emana una especie de hálito de ciervo en alerta. Las maderas de la casa empiezan a sufrir contenidos rasguños, disimulados entre el estropicio de los ruidos de la ciudad. En la calmada respiración, como un frustrado ronroneo, apenas perceptible. Todo culmina el sábado en la noche, a más tardar el domingo en tempranas horas. La víctima (esto lo digo desde mi juicioso ejercicio de auto-observación) respira una honda calma, una gran confianza, de manera que el ataq...

De Cuervos y Ángeles

Detrás del ángel, un cuervo. Todo lo que quedó fue un doloroso deseo. Quién de ellas, en su llanto que congestiona la mirada, no hubiera preferido verter lágrimas sobre la tierra familiar al pie del osario merecido, en vez de confundirlas con el lamento frente a la indiferente tropa mientras los cuervos se disputan los restos. Quién de ellos, en su contenida mirada de furia, no hubiera preferido mesarse las barbas en el círculo del patio familiar a la luz de los candiles, en vez de dejarlas agitar al viento vacío del desierto mientras aprietan los puños inútiles bajo las raídas mantas. Detrás del cuervo, un ángel. Inevitable que la noria de los oficios cotidianos oficiara de oferente, con sus discretos tañidos, al día siguiente, al mes siguiente, al año siguiente. En tanto, a quienes les fue arrancado el corazón, siguieron latiendo. Las mujeres tejieron sus trenos en voz baja, y los que curtían sus pies por los caminos polvorosos recogieron aquellos hilos frágiles para dejarlos ...

Pregunta a María.

¡María, María! ¿Estás segura de lo que dices? Es obvio que esto apenas puede ser una reconstrucción de sentido común de lo que fue la primera reacción de los discípulos al enterarse de las palabras de María. Cuáles hayan sido exactamente las palabras de María es otro cantar, e incluso, decir cuál María haya sido.  Los evangelistas canónicos, por lo menos, no proporcionan mayores datos al respecto. En Juan, María Magdalena está desconsolada por la desaparición del cuerpo del Maestro. En Lucas esta María, acompañada de Juana, María de Santiago y “las demás” –que también serían Juanas y Marías–, si bien no encuentran cadáver alguno, por lo menos tienen el privilegio de toparse con dos figuras refulgentes que anuncian “al que está vivo”; por esas cosas del sentido común masculino, el necio de Pedro no comprende nada: se trata de mujeres histéricas, al fin y al cabo. María Magdalena y María son, en Mateo, algo más privilegiadas: después del encuentro con el ángel que les anunci...

Frente al mar

Jesús, el Cristo, abrió los ojos y se encontró frente al mar. Inmenso, con un color ceniza que se encrespaba con lentitud hacia bermejo con la luz que rebotaba en sus pequeñas olas, impulsadas por un débil viento que sacudía sus cabellos. Inabarcable, estando ahí, quizás como siempre había estado durante tantos años y años, guardando secretos olvidados de todos los hombres y mujeres que alguna vez posaron en sus orillas, como él ahora, sentado y desnudo, mirando lo que nunca será visto. Se reflejaba en sus ojos el rumor de mareas y pesares, fija la mirada en cualquier punto, que en todos se sentía el pesado tiempo. Habría venido de ese mar también, como todos, madre primordial que a todos clamaba con su hechizo, canto oscuro de abismos que habían emergido, arrojándose a la vida. Aquel mar de tanto mar, y quizás (¿quizás él?) deseaba que fuera por un momento fuente estancada y clara, sobre la cual inclinarse para reconocer su rostro. Tanto le habían pintado e imaginado que se pensa...

Manual Para no Perder el Alma

Fragmento del imaginado Cuaderno de apuntes de Deepak Chopra. Ante todo, evitar indagar en las traducciones. En la primera epístola a los Corintios, Pablo insiste en la realidad corporal del resucitado: soma pneumatikón . Mala traducción “cuerpo y espíritu”, y aún pésima “cuerpo y alma”; pneuma designa el Espíritu de Dios, y en la forma paulina estamos, entonces, ante un cuerpo invadido del Espíritu de Dios, y en el cual la psiké se pierde por completo, o por lo menos queda marginada. Encima de todo, Pablo se atreve a decirlo: siémbrase un cuerpo animal, resucita un cuerpo espiritual. Para fortuna de nuestra raza fuerte, poco caso hacemos de tales sutilezas, y seguimos prefiriendo cuerpo y alma ; un cuerpo que no es más que un apéndice del cual poco entendemos y que actúa más como lastre doctrinal de nuestros necios antepasados. ¡Es tan bella el alma! Allí somos nosotros mismos, somos cada uno, nos refugiamos de la miseria y el egoísmo del mundo, y aún hay quien la cultiv...

Un sueño

Gemía, revolcándose sobre su cama. La evidencia corporal apunta a un sueño inquieto, del cual ni el cronista ni el evangelista pueden decir una palabra cierta, aunque sea cierto. “¿Qué sueñas Jesús, corderillo mío?”, podría haber dicho María, si ella no estuviera ya muerta, y aún podría consolarlo y Jesús abrazarse llorando a su regazo si no tuviéramos miedo que personajes tan egregios mostraran sentimientos tan comunes –rayando incluso en la cursilería– de humanidad que puedan atentar, de algún modo u otro, con la dignidad realzada que le han otorgado las culturas a través del tiempo, que solo admiten el lloro femenino ante el próximo cadáver, y esto como simple simulación de lo que ya no será cadáver, y la magnífica tranquilidad de un hombre ya ajeno al dolor, que en cada latigazo y golpe conserva su sobrehumana entereza, ejemplo último de humanidad. ¡Ay! , estaba escrito, ¡Ay! , estaba escrito, ¡Ay! , estaba escrito, ¡Ay! , está cumplido: inclinó la cabeza y entregó (con absol...

Un pájaro

Gustaba acercarse de manera discreta, sin ser notado, a los diversos grupos que con espontaneidad se reunían. Caía la tarde, y se apostó en un ventanuco del muro de piedra, protegido por la sombra creciente pero lo suficientemente cerca para escuchar. Observando ahora, recordó al primer hombre, que conoció ya muchos meses atrás. Sus palabras hechizaban y giraban sobre los oyentes como pájaros que buscan las sobras delante de los quicios de las casas. Una vieja costumbre que no ha mucho había adquirido, pasando, no supo cuándo, de escucha a hablador. Creía acordarse de algunas de sus palabras, pero el tiempo se las había desdibujado. Pero, es casi seguro, alguna vez habló de lo mismo que hablaban ahora aquellos hombres reunidos en torno al fuego. El también había conocido semillas y las había visto crecer. Para decir las cosas que había que decir, se miraba las manos y, como todos, allí encontraba los relatos: en un pueblo pequeño, aunque no sea tu oficio el de labrador, igual está...

Saulo prepara su viaje a Damasco

Solía respirar agitado, como una corriente interna que está a punto de convertirse en mortal marejada. Se contenía: tales iras no convenían a un hombre que ha dedicado su vida al estudio de las escrituras. Pero sabía también que su celo iba bien encaminado, aunque parecía percibir una inquietud que anidaba en su corazón, algo así como una piedrecilla en el zapato que le hiciera cojear muy ligeramente. Tres días antes había recibido una misión, y preparaba el viaje. Se encontraba sentado al frente de la casa de Tobías, en su compañía y viendo caer la tarde.  “Sé que es importante la misión que te han encomendado las sinagogas de Damasco”, dijo Tobías, dejando arrastrar su bastón sobre el suelo, como queriendo hacer un dibujo, “pero desconfío de algunos que te acompañan”. Saulo lo miró. Tobías nunca fue un maestro brillante, pero en su opinión era sensato. Saulo te tenía inmenso respeto: sus palabras solían marcar caminos firmes, sin tropiezo alguno. El sol que caía le daba ci...