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En tanto

En cualquier lugar del planeta, en cualquiera de sus grandes ciudades, y, para ser más preciso, en cualquiera de sus múltiples esquinas, alguien se encuentra presto a cruzar la calle, una vez el indicativo del tráfico así lo indique.

Dentro de un minuto, todo lo imaginable podrá pasar en su vida, de la que ahora es el brotar de una madeja. Cada gesto, cada paso, cada circunstancia, tanto propia como ajena, estará preñada de posibilidades o imposibilidades, hasta que al fin, en un tiempo del que nada sabemos pero que aparecerá en el momento menos esperado, los hilos de la madeja se disolverán.

Termina el suspenso. Termina el minuto concedido. Termina la pausa. Diez segundos antes, ese alguien ve fugazmente su rostro reflejado en un automóvil que pasa cerca de su acera: el semblante está vacío.

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