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Copy-Paste: Casa de Citas

El encabezamiento arbitrario de la cita, c'est moi. Ruego: pedimos el abrazo, el ambulante nido para la desangrada palabra que un día descubrimos y que venimos ahora a repartir. Fuente: Roque Dalton, “Pedimos”, en: La ventana en el rostro , UCA Editores, Sal Salvador 1998, p.46 Olvido: Ni el olvido es la tormenta que imaginaste: tan sólo un tenue velo de color amarillo cayendo por su propio peso en el acuario de las orquídeas. Fuente: Roque Dalton, “Reflexión ante el espejo”, en: Taberna y otros lugares , UCA Editores, San Salvador 2000, p.139. Decoración: O cuando les digo que voy a escribir al Museo de Madame Tussaud para que me manden la cabeza de mi bisabuela María Antonieta y la cabeza de Robespierre y la del cura Hidalgo y que las voy a colocar en mi recámara de Bouchout y que todas las mañanas voy a conversar con ellas, a ponerle colorete a María Antonieta para que no se vea tan pálida, y con polvos de arroz a blanquear la cabeza del c...

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Los títulos de las citas, mi cosecha. El resto, copy-paste, siempre citando la fuente. Adolescencia: Tengo quince años de cansarme y lloro por las noches que estoy vivo. En ocasiones, cansado de las lágrimas, hasta sueño que vivo. Puede ser que vosotros no entendáis lo que son estas cosas. Os habla, más que yo, mi primer vino mientras la piel que sufro bebe sombra… Fuente: Roque Dalton, “Estudio con algo de tedio”, en: La ventana en el rostro. UCA Editores, San Salvador 1998, p.14. Destino: Golpeaba a los demás y a mi miedo con más crueldad que un niño, como si desde el principio del tiempo hubiese recibido sin quererlo la espantosa encomienda de vengar a Dios. Fuente : Roque Dalton, “Muertos”, en: La ventana en el rostro . UCA Editores, San Salvador 1998, p.17. Herencia: ( véase también: Militancia) Preguntarán qué fuimos, quienes con llamas puras les antecedieron, a quiénes maldecir con el recuerdo. Bien. Eso hacemos: Custodiamos para...

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Los títulos de las citas, mi cosecha. El resto, copy-page, siempre citando la fuente. Anhelo: Odio tu vestido celeste tu ropa interior llena de trampas tirantes todo lo que me oculta tus dulces nalguitas sonrojadas tus pechos de piedra blanca hechos para las bocas de los niños adultos tu vientre que es mi patio para jugar con soldaditos de plomo a los ojos de un sol perfectamente inventado. Fuente : Roque Dalton, “El ser social determina la conciencia social”, en: Taberna y otros lugares , p.131. Final: Aquella casa, para empezar a decir algo funcional a su respecto, era deliciosa de habitar, tal esos sueños que se nos repiten de cuando en cuando y nos van configurando poco a poco un ideal de no sé qué, cuyos definitivos perfiles y texturas venimos tan sólo a comprender 23 horas antes de morir. Fuente: Roque Dalton, “La casa de Carlos”, en: Taberna y otros lugares , UCA Editores, Sal Salvador 2000, p.98. Pedrea: Nadie vendrá a defender esta sed de mend...

Agresión bajo aguacero

Uno Lanza húmeda como piedra vertical hacia la obra humana, similar a un dios que escupe la floreciente altura de las torres, despereza el suelo agredido. Intermedio en la Ciudad Ayer estornudó y se fisuró la costilla , cuenta. Madre con cáncer. Incurable. Ha sido una semana difícil , entre oncólogos, de cuidado en cuidado. Ha sido una semana linda, cuenta, recordando las caras de agradecimiento en su tiempo regalado y compartido con las gentes con quienes ha trabajado. Pasó el semáforo en rojo, me atropelló al chinito, y se voló , cuenta. Ambulancia. Policía. Médico. Operación, de urgencia. Reposo en el silencio de la clínica. Duerme el niño, las lágrimas secas ya. Se veía tan tranquilo , cuenta.  Me buscaban a mí , cuenta. La presencia minera la impiden los subversivos , opinan ellos, y al no encontrar a su presa, violaron y descuartizaron a su vieja hermana solterona, quien le cuidaba la casa en su ausencia. ¡Fuera Gerrillo! , escribieron en la pare...

Copy-Paste: Del Poder.

Las palabras son tomadas de George Orwell, 1984 (RBA Editores, Barcelona 1993, pp.211-212). Su desnudez, absolutamente precisa. En el capítulo tercero de la tercera parte: Winston, el protagonista, se enfrenta a lo simplemente vertical.. . -Ahora dime, ¿por qué nos aferrarnos al poder? ¿Cuál es nuestro motivo? ¿Por qué deseamos el poder? Habla —añadió al ver que Winston no le respondía. Sin embargo, Winston siguió callado unos instantes. Sentíase aplanado por una enorme sensación de cansancio. El rostro de O’Brien había vuelto a animarse con su fanático entusiasmo. (...) —Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estam...

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Al igual que la vez pasada, los textos los reproduzco de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks (Anagrama 2002). Los títulos los pongo yo, arbitrariamente. Visión: Porque no pensamos nunca, en principio, que una visión pueda ser cosa «médica»; y si se localiza o sospecha una base orgánica, se puede considerar que ésta «devalúa» la visión (aunque, claro está, no es así: los valores, las valoraciones, no tienen nada que ver con la etiología). (…) Esto no merma en modo alguno su trascendencia psicológica o espiritual. Si Dios, o el orden eterno, se reveló a Dostoievski en los ataques de que fue víctima, ¿por qué no habrían de servir otras condiciones orgánicas como «puertas de acceso» al más allá o a lo desconocido? Infancia: Esther Salaman, en su hermoso libro sobre «recuerdos involuntarios» (A Collection of Moments, 1970), habla de la necesidad de preservar, o recuperar «los sagrados y preciosos recuerdos de infancia», de lo empobrecida y des...

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Los textos están tomados de: Oliver Sacks, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero . Barcelona: Anagrama 2002. Espejo Nos adentramos aquí en aguas desconocidas donde pueden cambiar completamente de sentido todas las consideraciones habituales… donde enfermedad puede ser bienestar, y normalidad enfermedad, donde la excitación puede ser una esclavitud o una liberación, y donde la realidad puede residir en la ebriedad, no en la sobriedad. Es el reino de Cupido y Dioniso. Memoria y Olvido Pero el señor Thomson, nada más salir del hospital (su síndrome de Korsakov se había manifestado hacía sólo tres semanas, en que le sobrevino fiebre alta, empezó a delirar y dejó de reconocer a la familia) aún seguía en ebullición, aún se mantenía en un delirio confabulatorio casi frenético (del tipo a veces denominado «psicosis de Korsakov», aunque no sea en modo alguno una psicosis), creando continuamente un mundo y un yo, para substituir al continuamente olvidado y perdido. Est...