Ir al contenido principal

Apunte Para una Teología de la Comida

Volver a la comida.

Se acordó de algún versículo del libro del Deuteronomio (26, 12-14). El hombre recoge su diezmo, y en vez de tributarlo al Estado, hacía una gran fiesta con sus cercanos. Luego oraba: "he repartido lo sagrado".

Lo sagrado que se come, que se reparte, que se pudre, que crece, que se agota. Antes que se pudra y agote, ¡cómetelo! Así también, León Felipe. El hombre guardó la doctrina en el bolsillo del chaleco; la doctrina creció, y tuvo que guardarla en una caja; la caja creció, y tuvo que construir un templo para guardar la caja; el templo creció, y se comió la caja, la doctrina, y al hombre. Frente a él, otro hombre: no guardó la doctrina, ¡se la comió!, y su cuerpo fue bolsillo, arca y templo.

Desde éste último, sagrado por fin. Pero tanta gente que se vuelve templete tenebroso, tenebrosa palabra, tenebroso gesto. Burócratas, anhelantes de burocracia, para de ahí chupar la pútrida y espesa vida, que ya perfumarán -las maravillas que porporciona la educación- con el rito de la forma, del paradigma, del modelo, para poseer, cómo no, argumentos con los cuales sostener sus tiempos de "productividad".

Se reúnen a pontificar de aleluyas los cadáveres sin aliento, los alientos y corazones podridos, alimentados por la comida impura, procesada y vendida, decorada y ordenada primorosamente en su plato: apenas lápida resplandeciente. Así, tantos teólogos: siglos han pasado insistiendo en guardar la trascendencia. No se han dado cuenta, los imbéciles, que se trata de una digestión.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

Entradas populares de este blog

Jesús, cuerpo sin órganos (1)

En uno de los espacios en los que participo, nos hemos dedicado a leer algunas obras en torno de Jesús. Este año nos dedicaremos al ensayo de Manuel Villalobos. Con esta excusa, una vez al mes presentaré mi resumen-reflexión de los capítulos de su libro. Aquí, la primera entrega: Fuente: Villalobos Mendoza, Manuel. J esús, cuerpo sin órganos en el evangelio de Marcos . Madrid: Editorial Trotta, 2024. Sesión 1: Prólogo (Xavier Pikaza) [11-20], e Introducción [21-30]   Quienes nos acercamos a los planteamientos de Villalobos en Jesús, cuerpo sin órganos … [JCO, de ahora en adelante], recordamos de inmediato su anterior escrito, Cuerpos abyectos en el evangelio de Marcos . En ambos, como biblista busca comprometerse “con las nuevas voces emergentes que se resisten a ser invisibles” [ Cuerpos abyectos …, 11], desde un antiguo aprecio por Marcos, ese evangelio quebrado, caído y mutilado que deshace su cuerpo y trasgrede fronteras [ Cuerpos abyectos …, 14-18]. El exégeta Villalobos ens...

Jesús, cuerpo sin órganos (2)

El pasado 30 de enero me detuve a comentar el prólogo e introducción de la obra del autor mexicano.Retomo, para referirme a su primer capítulo. Fuente: Villalobos Mendoza, Manuel. Jesús, cuerpo sin órganos en el evangelio de Marcos . Madrid: Editorial Trotta, 2024. Capítulo 1: La familia queer de Jesús (Mc 3, 20-35; 6, 1-6) [pp.31-60] Como entrada, realizo un breve recorrido sobre la exposición del capítulo . Éste se motiva desde una afirmación de Joel Marcus en su exégesis sobre el evangelio de Marcos, a propósito de la dureza con la que se trata a la familia de Jesús y la pregunta de la razón para ello. En continuidad con esta inquietud, Villalobos propone analizar “la actitud negativa de Jesús para con su familia”, e indica que, “en cuanto CsO, derriba [o transtorna] dos de las instituciones sagradas del mundo bíblico: el sistema religioso opresor (…) y su propia familia patriarcal”, y genera “nuevas alianzas y ensamblajes de cara a la nueva casa/familia/parentesco de Jesús” [JcO ...

Casa de citas

Lupanar: Con aquellos hoy borrados amigos, insoportables señoritos de la buena sociedad malagueña, visité una cálida noche un precioso prostíbulo cercano al mar. No sin cierto temor, que perdí a los pocos minutos, penetré -era la primera vez que lo hacía- en aquella casa mediterránea de Venus, verdadero jardín donde sus morenas hijas andaluzas resaltaban, casi desceñidas de todo velo, entre macetas de geranios y claveles violentos, el mareante aroma de las albahacas, magnolios y jazmines. Una parra corría su verde toldo a mitad de los muros que velaban las puertas de sus alcobas misteriosas con cortinillas de colores. En el centro de aquel patio-jardín se derramaba un cenador agobiado de rosas gualdas y carmines. Bajo él, un guitarrista volcado sobre el hoyo de su guitarra, rasgueaba en sordina para unos marineros prendidos a los cuellos y torsos bronceados de sus elegidas. Poco a poco nos fuimos acercando con las nuestras, formando al fin una alegre fiesta de amor, en la que el cante,...