Le ha precedido lentos latidos en el
aire, pero ahora se asoma. Una informe masa cuyos ojos, carbones áureos, fijan
la mirada. Tras un instante, como para que se palpe su presencia a través del
enrarecido aire, avanza el bípedo mitológico. Tambor cuyo retumbar lento y
espeso se expande en breves e intensas oleadas, trayendo consigo el relieve
gris y áspero de su piel, a la manera de un latigazo que estremece la llanura.
A cada paso se agiganta, en tanto el pasto mineral cierra toda posible huida. Se
abalanza. Cae el latido y estalla. Es agua, es sudor, y meciendo las lápidas
que se han abierto a la finitud del cuarto de huéspedes, era sueño. La
respiración se acompasa, percibiendo los olores cotidianos, extrayendo del aire
los ruidos nocturnos y familiares que, horas después, eclosionarán en la flor estulta del día a
día cualquiera. El amanecer está cerca, pero las suaves cobijas invitan a
retomar la oscuridad. No va a ser posible: la puerta que da al corredor se
queja quedamente, empujada por un oscuro latido, por una breve lumbre de
carbón.
Porque cada pájaro estaba embozado bajo un violento azul, intolerable para mis ojos criados en sótanos. Porque allí encontré, en los primeros años, los eternos manuscritos que machacaban, como si fueran fruta exquisita, a los imbéciles y sus minutos. Porque fueron sus expectoraciones las que arrojaron contra los cristales pedazos de pleura para saludar a los viandantes, decorando con alcantarillas las escaleras que subían a sus escritorios. Porque en los pezones de cada uno colgaron llaves de cárceles con sonajeros embadurnados de la roja leche de las salamandras. Porque tras su huella cayó un fuego, que se extinguió en la carpeta del burócrata. Porque empozó el maíz en el nudo de algún abismo, que ni siquiera tuvo el privilegio de ser el último. Porque aún así alargó la sombra, con necedad y paso cojitranco, como mendigando las merecidas miserias. Porque picoteó, de la sequía a la ceguera, atrayendo la atención de la indiferente estrella. Porque alzó orgullosa sus intestinos, atizand...
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