Le ha precedido lentos latidos en el
aire, pero ahora se asoma. Una informe masa cuyos ojos, carbones áureos, fijan
la mirada. Tras un instante, como para que se palpe su presencia a través del
enrarecido aire, avanza el bípedo mitológico. Tambor cuyo retumbar lento y
espeso se expande en breves e intensas oleadas, trayendo consigo el relieve
gris y áspero de su piel, a la manera de un latigazo que estremece la llanura.
A cada paso se agiganta, en tanto el pasto mineral cierra toda posible huida. Se
abalanza. Cae el latido y estalla. Es agua, es sudor, y meciendo las lápidas
que se han abierto a la finitud del cuarto de huéspedes, era sueño. La
respiración se acompasa, percibiendo los olores cotidianos, extrayendo del aire
los ruidos nocturnos y familiares que, horas después, eclosionarán en la flor estulta del día a
día cualquiera. El amanecer está cerca, pero las suaves cobijas invitan a
retomar la oscuridad. No va a ser posible: la puerta que da al corredor se
queja quedamente, empujada por un oscuro latido, por una breve lumbre de
carbón.
(Son estos dos párrafos de un trabajo que escribo actualmente. Los elaboro sobre una mirada al libro de Marcelo Pakman, Texturas la imaginación ) Evoque el lector esta imagen literaria: algunos momentos después de la revelación que le proporcionó la clave definitiva para desentrañar la escritura de Melquiades, Aureliano Buendía sabría que en realidad era Aureliano Babilonia, el último descendiente de la estirpe. En la lectura de aquellos viejos manuscritos no sólo descifró la historia de sus orígenes, sino que “empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismos en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si estuviera viendo en un espejo hablado”. Su acto de descifrar se acompaña del “viento, tibio, incipiente, lleno de voces del pasado, del murmullo de geranios antiguos, de suspiros de desengaños anteriores a las nostalgias más tenaces”. Antes de llegar a los últimos versos y ya en medio del hurac...
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