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Casa de citas: La arboleda perdida (6)

Las citas, palabras de Rafael Alberti en La Arboleda Perdida (Barcelona: Galaxia Gutenberg, Círculo de Lectores, 2003. Primera parte-pp- y segunda parte -sp-)...
 
Besos:
Ha estallado el furor, el frenesí, el delirio. Brama en la oscuridad, rompiéndose contra los muros, el espanto crujiente de los besos. Sangran los labios acoplados en las gargantas. Las lenguas se prolongan, se hinchan, rebasando la medida de la boca. Los ojos se vuelven del revés. Resbalan hasta las orejas. O suben al centro de la frente. Y ya es de pronto un solo ojo que mira con las dos pupilas. Un estertor doliente y prolongado nos llega de lo más remoto. Son los rinocerontes que se besan. Se rajan los vitrales. Se agrietan las paredes. El pavimento se levanta en una sísmica sacudida. Son los besos taladros. Los besos clavo. Los besos tornillo. Los besos alicate. Los besos bisturí. Como chupones. Como valvas. Como tremendas sanguijuelas. Devoradores. Mudos. Sonoros. Ensordecedores. Agotadores. Moribundos. En coma. Resucitadores. Son los besos antiguos. Los besos calvos. Los besos con babas de los siglos. (sp, 246)
 
Color del vuelo:
...me detuve de súbito ante el verde de un árbol, un verde intenso y apretado, completamente desconocido, que me causó verdadero asombro. Eran las tres de la tarde, hora allí, soporífera, de la siesta, en aquellas barrancas y bañados, llenos de caballos inmóviles, mezclados con la somnolencia de las vacas. De pronto, avancé unos pocos pasos hacia aquel mudo árbol nunca visto. No sé lo que pasó. Fueron tal vez los ecos de mis pisadas, mi presencia a esas horas calladas del verano… Verdaderamente todo era silencio, todo dormía, ni un pájaro osaba el más leve silbido… Pero lo que pasó fue que todo aquel inmenso y tupido verdor se levantó instantáneo, lo mismo que un relámpago rumoroso que huyera, quedando al descubierto el armazón de aquel árbol, secas completamente sus ramas. Eran millares y millares de loros, todos del mismo verde, los que despiertos de su sueño profundo, en medio del calor, escapaban atemorizados. (sp, 163)
 
Juego:
[Dice Alberti que así decía Gerardo Diego]: Hacemos décimas, hacemos sonetos, hacemos liras porque nos da la gana… La gana es sagrada. Y es lógica, por la misma razón que los pintores se obstinan hoy en dibujar bien y los músicos en aprender contrapunto y fuga. Pero hay una diferencia (…). Para ellos, la estrofa, la sonata o la cuadrícula era una obligación. Para nosotros no. Hemos ya aprendido a ser libres. (…) sentiremos muchas veces la bella y libre gana de volar fuera de la jaula, bien calculado el peso, el motor y la esencia, para no perdernos como una nube a la deriva. (pp, 272)

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